QUE ES LA VOCACIÓN A LA VIDA CONSAGRADA

 

La vocación religiosa es un don y una llamada especial de Dios, recibida en fe, y cultivada y discernida en la oración. Este proceso de formación permite a la joven crecer y madurar en su respuesta a la llamada que Dios le hace. Este don especial, Dios lo da a quien quiere, y es Él, quien dispone, mueve y ayuda a los llamados, concediéndoles las gracias y dotes necesarias para abrazar el estado religioso y perseverar en él.

 

 

¿Está Cristo tocando la puerta de tu corazón?

 

Joven…

 

No te detengas más, No dejes que el tiempo se lleve lo mejor de tu vida. Hay muchas personas que te esperan, Que necesitan tu alegría, tu disponibilidad, tu entrega. No se te piden grandes heroicidades, tenlo por cierto, Es mucho más lo que vas a recibir que lo que tu puedes dar. Por ello te necesitan, Cristo te necesita para amar. Responde al estilo de María, dando tu sí total en fe y en humildad, sin miedos, sin medidas, sin fronteras.

 

¿QUIERES LLEGAR?

 

Si sientes en tu corazón la invitación de Jesús que te dice SIGUEME.... entonces quiere decir que El te está llamando a una vocación específica: CONSAGRARTE A EL, CON TODO TU CORAZÓN, CON TODA TU ALMA, CON TODAS TUS FUERZAS.

 

 

 

 

 

 

MI PROYECTO DE VIDA


Seguro que en más de una ocasión te has preguntado qué hacer con tu vida. No te preocupes, es una pregunta que todos nos hemos hecho en algún momento de nuestras vidas. Tu vida es un camino que debes recorrer día a día. Ere caminante y en tu camino puedes tomar atajos, esquivar peligros, subir cuestas, puedes llegar a la meta o desviarte hasta. Necesito como todo buen caminante saber de dónde vengo, por dónde debo pasar y a dónde quiero llegar. La ruta que emprendo es la de una gran aventura, lo primero que tengo que hacer es contar con mis cualidades y limitaciones, la meta que me propongo alcanzar, lo que realmente sueño para mi vida, los ideales que tengo... y así puedo empezar a caminar. Tendré que enamorarme del ideal que persigo para llegar a alcanzarlo, pues los que se enamoran de las montañas no dejan de esforzarse para alcanzar la cumbre.

 

Escucha

La llamada del Señor —cabe decir— no es tan evidente como todo aquello que podemos oír, ver o tocar en nuestra experiencia cotidiana. Dios viene de modo silencioso y discreto, sin imponerse a nuestra libertad. Así puede ocurrir que su voz quede silenciada por las numerosas preocupaciones y tensiones que l llenan nuestra mente y nuestro corazón. Es necesario entonces prepararse para escuchar con profundidad su Palabra y la vida, prestar atención a los detalles de nuestra vida diaria, aprender a leer los acontecimientos con los ojos de la fe, y mantenerse abiertos a las sorpresas del Espíritu

 

 

 

 

Discernir


Jesús, leyendo en la sinagoga de Nazaret el pasaje del profeta Isaías, discierne el contenido de la misión para la que fue enviado y lo anuncia a los que esperaban al Mesías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19). Del mismo modo, cada uno de nosotros puede descubrir su propia vocación sólo mediante el discernimiento espiritual, un «proceso por el cual la persona llega a realizar, en el diálogo con el Señor y escuchando la voz del Espíritu, las elecciones fundamentales, empezando por la del estado de vida»

 

Vivir


Por último, Jesús anuncia la novedad del momento presente, que entusiasmará a muchos y endurecerá a otros: el tiempo se ha cumplido y el Mesías anunciado por Isaías es él, ungido para liberar a los prisioneros, devolver la vista a los ciegos y proclamar el amor misericordioso de Dios a toda criatura. Precisamente «hoy —afirma Jesús— se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír» (Lc 4,20). La alegría del Evangelio, que nos abre al encuentro con Dios y con los hermanos, no puede esperar nuestras lentitudes y desidias; no llega a nosotros si permanecemos asomados a la ventana, con la excusa de esperar siempre un tiempo más adecuado; tampoco se realiza en nosotros si no asumimos hoy mismo el riesgo de hacer una elección. ¡La vocación es hoy! ¡La misión cristiana es para el presente! Y cada uno de nosotros está llamado —a la vida laical, en el matrimonio; a la sacerdotal, en el ministerio ordenado, o a la de especial consagración— a convertirse en testigo del Señor, aquí y ahora. Este «hoy» proclamado por Jesús nos da la seguridad de que Dios, en efecto, sigue «bajando» para salvar a esta humanidad nuestra y hacernos partícipes de su misión. El Señor nos sigue llamando a vivir con él y a seguirlo en una relación de especial cercanía, directamente a su servicio. Y si nos hace entender que nos llama a consagrarnos totalmente a su Reino, no debemos tener miedo. Es hermoso —y es una gracia inmensa— estar consagrados a Dios y alservicio de los hermanos,totalmente y para siempre. El Señor sigue llamando hoy para que le sigan. No podemos esperar a ser perfectos para responder con nuestro generoso «aquí estoy», ni asustarnos de nuestros límites y de nuestros pecados, sino escuchar su voz con corazón abierto, discernir nuestra misión personal en la Iglesia y en el mundo, y vivirla en el hoy que Dios nos da. María Santísima, la joven muchacha de periferia que escuchó, acogió y vivió la Palabra de Dios hecha carne, nos proteja y nos acompañe siempre en nuestro camino. (Papa. Francisco)